miércoles, 2 de junio de 2010
Relecturas
Al mirar atrás puede que la única sal que descubramos en muchos casos, es la de esas lágrimas que vertimos alguna vez. Y la única estatua, es la que quedó de nosotros, cuando nos dejamos inmovilizar por el miedo, como en una de esas viejas fotografías con personas en poses rígidas, esperando quedar retratadas.
Miro una vez más para atrás, parece todo tan obvio. Me interrumpe esa idea el pensar en todas las historias que pude haber realizado, en los "qué hubiera pasado si".
Concebir la vida como un elige tu propia aventura, pero lamentablemente (o por suerte) sin que podamos saber que caminos nos quedaron por recorrer.
El presente puede ser obvio hoy, o quizá solo visto desde el futuro... Vivir, es la opción que encuentro para descubrirle un sentido.
Hay pequeños enigmas en cada narración, no tan simples de interpretar pese al paso del tiempo, que quedan picando en la memoria y se cuelgan de los recuerdos. Son como hilos descosidos en una trama perfecta.
miércoles, 19 de mayo de 2010
...el aire es libre, el aire es libre...
Elegí el "había una vez" que quieras, pero el nudo de la historia es simple: levantás cual ala de ave tu brazo y frenás un taxi (recordá que puede complicarse aún más si lo solicitás por teléfono y la espera de 5 a 45 minutos te puede dejar pendiente y cansado). Abrís la puerta, te acomodás, decís el destino...
El señor tachero decide subir el volumen de lo que aparentemente venía escuchando. Partido de fútbol, radio AM con interferencia, reggaetón o punchi.
Nuevamente elegí lo que sea de tu agrado para la historia o lo que no sea de tu agrado para tus oídos.
No querés molestarlo pero él te está molestando. Y aunque entendés que el hombre está trabajando y merece entretenerse, en un viaje con una duración mayor a cinco minutos, eso deja de importarte.
¿Corre, la pasa, gira, vuela, come, estornuda y gol? Oís y no escuchás, el ruido se torna insoportable. Te creías más tolerante.
¿Pensás decir algo? Mirá que si le decís capaz tu voz ni se halle en una intensidad audible en comparación con el resto de la ambientación sonora del auto.
En mi caso, ya dejé de tomarme taxis donde el conductor se encuentre fumando, ni me esfuerzo en pedirle que apague el cigarrillo: le agradezco, cierro la puerta y me tomo otro, aunque (por ahora) la invasión sonora la acepto. Y debo confesar que trato de coexistir con el humo en días de lluvia y escasez de transporte...
Eso sí, no creo que vaya a olvidar el consejo de algunos ¿amables? taxistas, que me hicieron conocer mi derecho u obligación de solicitar un "móvil no fumador" telefónicamente, palabras de aquella época en las que todavía me animaba a pedir que apagaran sus cigarrillos, y recibía las más insólitas respuestas.
sábado, 8 de mayo de 2010
La conspiración detrás de las palabras
Que no me vengan con "las distintas formas de amar o querer".
Déjense de esta conspiración mundial.
Yo puedo caminar a mi manera, hablar a mi manera, cantar a mi manera...
Pero si amo a mi manera y el otro no siente ese amor, no se lo transmito, no se lo manifiesto porque lo "hago a mi manera", es lo mismo que comer a tu manera una manzana, mirándola fijamente y diciéndole "manzana give me your energy".
Dejémonos de seudodemocracias baratas, en nombre del amor se han hecho demasiadas guerras ya, demasiadas estupideces sin sentido.
Estoy a favor de las estupideces, pero de las bonitas, las locas-lindas, las que sacan una sonrisa.
Si sentís algo pero no hacés nada, inventá otra palabra para lo que te pasa, para tu forma de amar o querer. En silencio o quietud podés decir mucho también. Pero aclaremos una cosa: expresar distinto no es lo mismo que expresar indiferencia.
Llamemos al verbo "telepatíamar" si es necesario, pero por favor, no usemos el mismo para todo.
Que las palabras todavía no se gastan, pero deberían...
viernes, 7 de mayo de 2010
3, 2, 1...
Hay algo que no me termina de gustar de las últimas horas de la tarde. El sol ya no brilla con la misma intensidad, pero tampoco ha llegado la calma de la noche. La gente quiere volver, pero no puede porque el horario de trabajo no ha terminado, el caos del tráfico ya se augura.
Son las cinco de la tarde, de un día de otoño como cualquier otro, por suerte estoy en casa pero los recuerdos de tener que salir a cursar a esta hora cuando las tareas del resto de los mortales estaban terminando aún me acechan.
El verano, aunque uno esté trabajando, transmite ese "no sé qué", ese "es feriado todos los días" cuando comienza a anochecer. Se agradece que baja la temperatura y las tardes sean más duraderas. En cambio, las tardes de otoño me recuerdan a los domingos por la noche: se extingue el fin de semana, pero la rutina no nos ha secuestrado todavía; tenemos tiempo libre, pero para prepararnos para la semana.
Supongo que depende de cada uno disfrutar de esos "no momentos", no dejándonos llevar por la ansiedad de la transición. Tal vez de eso se trata este texto sin sentido claro. De recordarnos que alguna vez pudimos disfrutar de los atardeceres, porque cada segundo en que va bajando el sol sobre los edificios de la ciudad es un instante único, porque no es necesario que se ponga sobre el mar para que sea mágico.
¿Y si en lugar de apurar al sol para que sean las seis y podamos regresar a nuestras casas, sólo nos dedicamos a estar?
miércoles, 5 de mayo de 2010
ADVERTENCIA
donde duele.
El llanto a veces no expresa nada
porque el dolor sigue ahí.
Las lágrimas suelen limpiar la tristeza
pero a veces no funcionan.
El cuerpo siente que no va a aguantar,
que está a punto de estallar,
pero no pasa nada.
Uno vive.
Y transcurren los minutos,
hasta que se reestablece algo dentro.
Y la costumbre te permite romper con el dolor.
Y la felicidad aflora nuevamente,
de algún espacio o no espacio ,
que siempre tuviste adelante tuyo
o que jamás habías llegado a él.
Hasta que una casualidad te recuerda que
el amor no puede ser tan frágil.
... para la investigación genética
deberían dejar de preocuparse por los tomates, la soja y las ovejas...
¡Hay un asunto mucho más urgente!
Gente que venga con advertencia:
"No se acerque, incapaz de sentir y/o transmitir afecto"
(preferentemente en letras rojas, capitales, cuerpo 24).